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En el inicio del siglo XXI la movilidad en Menorca se caracteriza por una alta dependencia respecto al automóvil, tanto en el periodo invernal como en el estival y turístico, en donde se multiplica por dos o tres la presión humana sobre el territorio (de 65.000 a 170.000 personas. El automóvil cubría en 2004 casi la mitad de los desplazamientos diarios realizados por la población residente en invierno; mientras que se registraba un bajísimo papel del transporte colectivo (autobús), tal y como se puede observar en la tabla siguiente.

Reparto modal en Menorca 2004

Modo de transporte
Porcentaje
automóvil
49,12
a pie
43,35
autobús
1,80
otros
5,72
Fuente: Encuesta de Invierno OBSAM 2004.

La evolución histórica de la movilidad de la isla mostraba un predominio absoluto de la cultura del automóvil privado y un abandono de las oportunidades de los medios de transporte alternativos. Los servicios de autobús regular de la isla presentaban enormes carencias en cuanto a horarios, frecuencias y calidad, lo cual, en círculo vicioso, impedía que el autobús se convirtiera en una alternativa real a la movilidad cotidiana.

El panorama de los servicios de autobús durante el verano era también desolador, a pesar de que la población sin automóvil aumentaba con la incorporación de los turistas.

Esta alta dependencia respecto al automóvil y la fuerte componente turística de la isla, con la correspondiente demanda de transporte aéreo de larga distancia, convierten a la movilidad en una de las facetas más críticas de la sostenibilidad en un territorio declarado Reserva de la Biosfera en 1993.

En ese contexto el Consell Insular de Menorca impulsa un cambio en los servicios de transporte colectivo de la isla y promueve lo que se podría denominar como “nueva cultura del autobús”, cuyos objetivos serían los siguientes:

  • Facilitar alternativas de transporte colectivo al uso del automóvil.
  • Contribuir a la inclusión social de la mitad de la población que no es autónoma respecto al automóvil.
  • Favorecer la movilidad de los residentes y los turistas en medios de transporte de menor impacto ambiental y social, generando una menor presión sobre el territorio y las infraestructuras.
  • Reducir los problemas de saturación del viario y el aparcamiento en los lugares de concentración de personas.
  • Reducir la inseguridad vial.